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EL SIGUIENTE ARTICULO SOBRE TAOISMO, QUE ES EL SISTEMA RELIGIOSO FUNDADO POR EL FILOSOFO CHINO LAO-TZE (604 AC); SE PUBLICO EN LA REVISTA QUEST DEL OTOÑO DE 1997. EL ARTICULO CUMPLE A PLENITUD CON EL SEGUNDO OBJETIVO DE LA TEOSOFÍA, QUE DICE: “FOMENTAR EL ESTUDIO COMPARADO DE LA RELIGIÓN, LA FILOSOFÍA Y LA CIENCIA”.
EL DO DE SEIS LADOS Por Gary Corsieri Japón es mundialmente famoso por sus tradiciones culturales únicas, las cuales, por muy extraño que parezca, casi todas terminan con el sufijo Dō, o Tao, o Taoismo, es la raíz del Zen, filosofía o disciplina que tanto caracteriza a ésta cultura. Todos por ejemplo, conocemos la palabra JUDO, esta quiere decir “Por la vía de la defensa personal”. También tenemos AIKIDO, “La vía por la que se encuentra la fuerza y el espíritu” y KENDO, “La via de la espada” y muchísimos otros ejemplos más. Obviamente Dô quiere decir “Por la via o por el camino de”. Pero ¿Qué queremos decir exactamente “por la via de?. En su popular traducción del I-Ching, Sam Fiefler dice: Tao…es como una entrada a través de la cual estamos constantemente pasando. No estamos nunca ante ella ni más allá de ella. Nada existe excepto allí, con nosotros, en ese momento, en la entrada. La entrada es ambas cosas, el fin del mundo y el principio de otro. Pero cuando estamos parados ante ella, estamos en ambos mundos al mismo tiempo. La entrada es, lo que existe entre el pasado y el futuro; es, en otras palabras, este inalcanzable presente. Digo inalcanzable, porque tan pronto pensamos que lo tenemos, éste es ya un momento del pasado. Y mientras que no lo alcancemos, es solamente un sueño del futuro. El gran poeta T.S.Elliot, luchó toda su vida con el complicado problema del tiempo. En su obra “En Cuatro Cuartetos” escribió: Lo que pudo haber sido y lo que ha sido Apuntan hacia un solo fin, el cual es siempre el presente. Alcanzar este momento presente, tan extremadamente fluido, es precisamente la esencia del Dō o Tao, o Taoismo. Es acerca de unir al pasado y al futuro, es acerca de reconciliar a los pares de opuestos, es el poner a la luz y la obscuridad, lo bueno y lo malo, lo femenino y lo masculino, al Yin y al Yan, en perfecto balance y armonía. Es además de todo eso, acerca de unir al mundo de todos los días, con el mundo de los milagros. Es acerca de enseñarnos a ver los milagros en nuestras vidas mundanas. La entrada implica descubrimiento, y estar en Dō, es estar en un estado de contínuo descubrimiento o revelación. Y esto quiere decir, estar en un estado receptivo a las maravillas del mundo. Voy a tratar de proveer una base o armazón que ayude a comprender lo que es el verdadero espíritu del Dō. Nosotros en el mundo occidental estamos acostumbrados, o sea, nos gustan los números y las fórmulas, por ejemplo: 2+2=4 En cambio en el mundo oriental hay más preferencia por las insinuaciones y sugerencias. Esto trae consigo muchos problemas en el mundo actual de los negocios, ya que los occidentales preferimos un apretón de manos y un contrato, en tanto que los orientales prefieren una inclinación reverente, un tono especial en la voz, o simplemente una inclinación de la cabeza en señal de aceptación. El idioma inglés, es el lenguaje internacional de la ciencia, de la tecnología, de hechos concretos, y de precisión. Uno no puede encontrar una palabra como hira-hira en el idioma inglés, en cambio hay muchísimas palabras de ese tipo en el japonés, ésta palabra quiere decir "el sonido que produce el batir de las alas de una mariposa". Una forma no es mejor que la otra, sino solamente diferente. Ahora más que nunca, en este nuevo milenio y habiendo obtenido los frutos de nuestra edad maravillosa de las comunicaciones; corresponde a nosotros entender esas diferencias. El legendario fundador del Taoismo en el Siglo V, A.C., el filósofo Lao-tze, es famoso por la primera frase con la que comienza el pasaje de apertura de su obra Tao-te-Ching: "Esos que dicen, no saben. Esos que saben, no dicen". Unos cuantos siglos después, el poeta y comediante chino Po-chu-i, resaltó que después de ésta frase Lao-tze trató de explicar con más de 5,000 palabras lo que no sabía. Pero para ser justos con Lao-tze, diremos, que lo que hizo fué tratar de sugerir otra forma de pensar y sentir, otra forma de penetrar dentro del misterio de la vida. Asi que hoy, a los pies del gran Lao-tze, me gustaría hacer lo que la gran mayoría de los asiáticos jamás presumirían de hacer: Me gustaría intentar hacer una base o una armazón en la que pudiera interpretarse el verdadero significado del Dō. En mi armazón hay seis lados. Uno puede tener más o menos lados, pero con seis basta. Me gusta tener seis, porque la imagen central del Dō, es la torii o entrada. Ahora bien, cuando nos imaginemos esta entrada, no nos imaginemos una entrada simple como la de entrada a un jardín, con su cerca de listones pintados de blanco através de la que uno comunmente pasa. En su lugar, imaginémonos uno de los grandes portones o toriis del Japón: Esas estructuras monumentales de madera o metal pintadas de rojo, que se alzan ante los templos y santuarios del Japón, y a través de los que uno pasa para entrar en ellos. Uno puede si lo desea, rodear estos toriis para entrar en el templo, ya que con ellos no existe la intención de aislar al templo del mundo exterior. El objetivo de los toriis, es para llamar nuestra atención hacia la presencia de lo divino. Ellos se han construido de varias formas y tamaños, pero todos tienen una forma similar, que es, de dos pilares que sostienen a una barra horizontal que se extiende un poco más hacia afuera de los lados de ellos, o sea, imaginense dos t mayúsculas una junto a la otra, asi: "TT". De entre los toriis que yo he visto durante mi peregrinaje por el Japón, es el de la capilla de ITSUKUSHIMA, cerca de Hiroshima, el que más me ha impresionado, tiene 16 metros de altura y 22 metros de ancho, está situado junto a la orilla del mar y su fondo aparece enmarcado entre azules y lejanas montañas. Este torii que tiene seis lados, ha estado en ese lugar por 700 años, asi que permitanme usarlo como símbolo de éste, mi armazón para el Dō de seis lados. El primer lado de la armazón es HUMILDAD, la condición esencial. Cuando se entra a una casa de té japonesa, uno tiene que inclinarse y casi arrastrarse, para pasar a través de una puerta de solo tres pies de altura a una habitación pequeña. El poderoso Shogun, entró en la casa de té de ésta forma, y de la misma manera lo hizo el monje pobre y errante. A los ojos del universo todos somos iguales y todos tenemos las mismas oportunidades de alcanzar la iluminación. Desde la época del Renacimiento y pasando por la revolución romántica de los siglos XVIII y XIX, hay la tendencia a glorificar al artista por encima del arte. En nuestros tiempos la fama es lo principal, no el arte en sí y la idea general es la de hacerse famoso como uno pueda y tan rápido como uno pueda. Esto NO se acerca en nada al espíritu del Dō. Es bueno recordar aqui, que las grandes catedrales de la Edad Media, fueron construidas y adornadas por innumerables artesanos y artistas anónimos e incluso el gran compositor Johann Sebastian Back, escribió al comienzo de cada una de sus grandes composiciones, la siguiente frase en latin: SOLI DEUM GLORIA (solo de Dios es la gloria). Ese es el espíritu del Dō. El segundo lado de nuestra armazón, se relaciona de cierto modo con el primero, en el se encierra la idea de . Esta es una nuez muy dura de partir para nosotros los occidentales, ¿como puede uno refinar o purificar la pobreza?. Una sociedad basada en los bienes materiales como la nuestra, castiga tanto a los pobres como a la pobreza. Pero recordemos a Henry David Thoreau, el que vivió en una cabaña pequeña y pobre a orillas de la laguna Walden. Thoreau dijo, que el secreto de su vida podía ser expresado en tres palabras: Simplificar, simplificar y simplificar. El dijo que tenía tres sillas en su cabaña, una para la soledad, la segunda para la amistad, y la tercera para la sociedad. El Taoismo y su ramificación del Japón, el Zen, pueden entender muy intensamente el voto de pobreza tomado por San Francisco de Asis. Ardiendo con un fuego interno de proporciones sublimes, San Francisco hizo de su vida un arte, pero solo hay un puñado de mortales que pueden alcanzar un día tanta grandeza. En el Taoismo, el refinamiento de la pobreza quiere decir, el aprovechar a plenitud los recursos de que uno dispone, usando métodos simples y limpios de conducta y no temiéndole al silencio o a la soledad. El refinamiento de la pobreza es el espíritu de aceptación con que el poeta haiku escribió. ¡ El granero se ha quemado !. Ahora al fin, puedo disfrutar de la vista de la Luna. Al tercer lado de nuestra armazón, le llamaré PROCEDIMIENTO. Debido a que estamos parados ante la entrada, el haber llegado es menos importante que la forma de como llegamos ante ella. Robert Louis Stevenson dijo: "Viajar lleno de esperanzas es mejor que llegar". La grandeza de la vida está en su potencial. En América, nosotros muy raramente consideramos el como ha sido hecha una obra de arte, más bien nos concentramos en el producto terminado. En el Este, en cambio, el procedimiento tiene al menos la misma importancia. Esos que practican el Dō creen que entrenamos al espíritu a través de la disciplina de nuestro arte. La belleza verdadera viene del acto de completar mentalmente lo incompleto. Una de mis historias favoritas, es la del concurso de pintura, en la que el emperador llamó a los pintores mejores de la época, para que cada uno representara en su lienzo a una bandada de ganzos alzando el vuelo. Muchos maestros presentaron trabajos muy bellos y delicados, pero el primer premio fué otorgado a una pintura que era casi completamente un espacio en blanco y que tenía pintadas en su esquina superior derecha, las patas del último ganzo que alzó el vuelo. El genial pintor taoista, permitía de ese modo que el que lo contemplara supliera mentalmente los detalles. El supo exactamente que rasgos utilizar para sugerir un ave alzando el vuelo. Asi que los taoistas hablan mucho por medio del silencio. Los taoistas creen que el producto terminado, "el arte", es la expresión de lo sublime del procedimiento. Hacer que el procedimiento sea el correcto, quiere decir, el alinear propiamente al espíritu y al trabajo. Este es el procedimiento del Dō. El cuarto lado de nuestra armazón es la EPOCA Y LA TRADICION. Los taoistas reverencian éstos. Se ha dicho que los japoneses simplemente copian a otras culturas, primero a Corea, luego a China y ahora a los Estados Unidos; y que ellos son incapaces de inventar algo. Esto claro, no tiene sentido. Yo diría mejor, que el artista japonés está constantemente inventando, si es que por inventar entendemos el refinar. La cultura japonesa abarca un lapso de unos 1,500 años y ellos, como se dice, no ven razón alguna para re inventar la rueda. En Japón los templos y capillas son reconstruidos. No existen las ruinas antíguas que uno encuentra en Grecia o en Italia. Al reconstruir las formas tradicionales, el artista japonés rinde de esta manera homenaje a esos que le precedieron. Esa originalidad única, que a nosotros en el Oeste, nos premia con quince minutos de fama, o con la oportunidad de aparecer en el show de Oprah o de Geraldo, es incomprensible e indeseable para el artista taoista. Yo les garantizo que jamás encontraran a un artista taoista en esos shows. El quinto lado de nuestra armazón es CONCENTRACION. En su descripción del arte de la caligrafía, Tessen Harino escribió: "Dō... quiere decir, el perseguir cierta meta aunque ello conlleve el riesgo de empeñar en ello toda nuestra vida". Todo artista sabe que cuando uno está sumido verdaderamente dentro de su arte, entra en una dimensión nueva del tiempo. Yo mismo he tenido esa experiencia. Por ejemplo, yo se que lo que escribo es lo mejor de mi, cuando miro el reloj y ha pasado más de una hora y en cambio tengo la sensación de que han transcurrido solo unos minutos. Cuando uno está totalmente inmerso en el trabajo, totalmente absorto en este, uno está practicando el Dō. Los amantes se miran tiernamente uno al otro durante horas; una madre y su bebé, estan unidos por el encanto del balbuceo del bebé y la fragancia de su piel; los niños se pasan los días jugando a los escondidos, esto también es concentración, esto también es Dō. El sexto y último lado de nuestra armazón, depende del quinto, yo le llamaré la mezcla o COMPENETRACION del artista con su arte, o unión espiritual. ¿Cómo podemos separar la danza del bailarín? dijo el poeta irlandés William Butler Yeast. Para el espíritu del Dō, no hay separación. El artista alcanza revelación espiritual a través de la práctica diaria, a través de la disciplina de su trabajo. Pero este estado de unidad es más que disciplina o práctica. Este envuelve tanto al cuerpo, al espíritu y a la intuición, como a la mente analítica. En este estado de unidad, el arte parece que se desarrolla por sí mismo: Es como si el blanco, llamara hacia su centro a la flecha. Como si el propio diseño llamara y guiara a la mano del maestro....Es el mismo estado de gracia y unidad que obtuvo Miguel Angel cuando declaró que el simplemente había "liberado" a David de su prisión de marmol. Estos, entonces, son los seis puntos que entrelazan la cultura del Dō del Japón: Humildad, Pobreza Refinada, Procedimiento, Epoca y Tradición, Concentración y Compenetración. A medida que traemos a la práctica de nuestra vida diaria estos diferentes puntos; a nuestros negocios, a nuestras relaciones personales, etc. espiritualizamos nuestra vida y nos damos cuenta de nuestras conecciones con lo infinito y lo eterno. Solo un puñado son tan agraciados como lo fueron Miguel Angel, San Francisco o Lady Murasaky. No obstante, cada uno de nosotros nace con la capacidad de consagrar nuestras vidas para ser los artistas de nuestras propias creaciones. Esto exige que prestemos atención hasta a los más pequeños detalles y que tengamos el conocimiento extraordinario de que ESTAMOS PARADOS FRENTE A LA ENTRADA AHORA Y POR SIEMPRE.
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