Luz en el Sendero
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LUZ EN EL SENDERO

Por Mabel Collins

 

Estas reglas han sido escritas para todos los discípulos: Préstales atención.

            Antes de que los ojos puedan ver, deben ser incapaces de llorar. Antes que el oído pueda oír, tiene que haber perdido la sensibilidad. Antes de que la voz pueda hablar en presencia de los Maestros, debe haber perdido la posibilidad de herir. Antes de que el alma pueda erguirse en presencia de los Maestros , es necesario que los pies se hayan lavado en la sangre del corazón.

I

Mata la ambición

Nota: La ambición es el defecto primero , el gran tentador del hombre que se eleva por encima de sus semejantes. Es la forma mas sencilla de buscar la recompensa. Ella es la que continuamente desvía a los hombres de sus posibilidades superiores. Sin embargo, es un instructor necesario. Sus resultados tórnanse polvo y ceniza en la boca; como la muerte y el retraimiento , demuestra últimamente al hombre que trabajar para sí es trabajar para una decepción inevitable. Pero aún cuando esta primera regla parezca tan fácil y sencilla, no la consideres a la ligera, porque estos vicios del hombre ordinario sufren una transformación sutil, y reaparecen bajo otro aspecto en el corazón del discípulo. Es fácil decir "no seré ambicioso" , pero no lo es tanto el decir "cuando el maestro lea en mi corazón lo encontrará libre de toda mancha". El artista puro que trabaja por amor a su obra, está algunas veces más colocado en el verdadero camino, que el ocultista que se imagina haber apartado de s1 el interés propio, pero que, en realidad, solo ha ensanchado los límites de la experiencia y del deseo, y transferido su interés a cosas relacionadas con su mayor expansión de vida. El mismo principio se aplica a las otras dos reglas que siguen, en apariencia tan sencilla. Fija tu atención en ellas y no te dejes engañar fácilmente por tu propio corazón; pues ahora, en los umbrales, un error puede remediarse. Pero si lo llevas contigo crecerá y dará sus frutos, o bien tendrás que sufrir amargamente al destruirlo.

II

Mata el deseo de vivir

III

Mata el deseo de bienestar

IV

Trabaja como trabajan los ambiciosos. Respeta la vida como lo hacen los que la desean. Sé feliz como lo son los que viven para la felicidad.
Busca en tu corazón la raíz del mal y arráncala. Esta raíz vive en el corazón del discípulo fervoroso lo mismo que en el hombre de deseos. Solamente el fuerte puede destruirla . El débil tiene que esperar su crecimiento ,su fructificación y su muerte. Es ésta una planta que vive y se desarrolla a través de las edades. Florece cuando el hombre ha acumulado en sí mismo existencias innumerables .El que quiera entrar en la senda del poder ,debe arrancarla de su corazón. Y entonces del corazón brotará sangre y la vida toda del hombre parecerá desvanecerse por completo .Hay que sufrir esta prueba; puede presentarse en el primer peldaño de la peligrosa escala que al sendero de vida conduce, puede no venir hasta lo último. Pero acuérdate ¡OH discípulo! que tienes que pasar por esta prueba y refuerza las energías de tu alma para tal empresa. No vivas en lo presente  ni en lo futuro, sino en lo eterno . Allí no puede florecer esta hierba gigantesca: esta mancha de la existencia la borra la atmósfera misma del pensamiento eterno.

V

Mata todo sentimiento de separatividad.

Nota:
No imagines que puedes separarte del hombre malvado o del insensato. Ellos son tú mismo, aunque en grado menor que tu amigo o tu maestro. Pero si dejas arraigar en ti la idea de separación de cualquier cosa o persona mala, al obrar así creas Karma, que te ligará a aquella cosa o persona, hasta que tu alma reconozca que no puede estar aislada. Recuerda que el pecado y el oprobio del mundo son tu pecado y tu oprobio, porque tú formas parte de ti mismo; tu Karma está entretejido de un modo intrincado con el gran Karma. Y antes de que hayas logrado el conocimiento , es preciso que hayas pasado por todos los lugares, así inmundos , como puros.
Por tanto, ten presente que el vestido manchado, cuyo contacto te repugna, puede haber sido el tuyo ayer, o quizás lo será mañana . Y si horrorizado apartas los ojos de él, una vez echado sobre tus hombros más a ti se adherirá. El hombre que se cree justo se prepara un lecho de cieno. Abstente , no para permanecer limpio, sino porque el abstenerse es un deber.

VI

Mata el deseo de sensación

VII

Mata la sed de crecimiento

VIII

Sin embargo, mantente solo y aislado, porque nada de cuanto tiene cuerpo, nada de cuanto tiene conciencia de la separación, nada de cuanto este fuera de lo eterno puede venir en tu auxilio. Estudia la sensación y obsérvala, porque únicamente así puedes empezar la ciencia del propio conocimiento y colocar el pie en el primer peldaño de la escala. Crece como crece la flor, inconcientemente, pero ardiendo en ansias por entreabrir su alma a la brisa. Así es como debes avanzar abriendo tu alma a lo eterno. Pero debe ser lo eterno lo que debe desarrollar tu fuerza y tu belleza y no el deseo de crecimiento. Porque en el primer caso floreces con la lozanía de la pureza, y en el segundo te endureces con la avasalladora pasión de la importancia personal.

IX

Desea únicamente lo que está en ti.

X

Desea únicamente lo que está fuera de tu alcance.

XI

Desea únicamente lo que es inasequible.

XII

Porque en ti está la luz del mundo, la única luz que en el sendero puede difundirse. Si eres incapaz de percibirla dentro de ti, es inútil que la busques en otra parte. Está fuera de tu alcance, porque cuando a ella llegues ya no te encuentras a ti mismo. Es inasequible, porque siempre retrocede. Entraras en el seno de la luz, pero nunca tocarás la llama.

XIII

Desea ardientemente el poder.

XIV

Desea ardientemente la paz.

XV

Desea las posesiones por encima de todo.

XVI

Pero estas posesiones deben pertenecer al alma pura, y por consiguiente, deben ser igualmente poseídas por todas las almas puras, siendo así la propiedad especial del todo que unidas constituyen. Anhela las posesiones propias del alma pura, a fin de que puedas acumular riquezas para aquel espíritu común de la vida, que es tu único ser verdadero. La paz que debes desear es aquella paz sagrada que nada puede turbar y en el seno de la cual, el alma crece como crece la flor santa de las lagunas inmóviles. Y ese poder a que debe aspirar el discípulo es aquel que le hará aparecer como nada a los ojos de los hombres.

XVII

Busca la senda.
Nota:
Estas tres palabras parecerán, quizás, muy insignificantes para constituir una regla por sí solas. El discípulo dirá: ¿estudiaría yo estos pensamientos si no buscase la senda?. Sin embargo, no te apresures a pasar adelante. Detente y medita un poco ¿Es realmente el camino lo que deseas, o es que tu fantasía te ofrece una vaga perspectiva de encumbradas alturas que escalar, un gran porvenir que abarcar? Ten presente la advertencia . El camino ha de buscarse por él mismo , no teniendo en cuente tus pies que lo deben recorrer.
Existe una relación entre esta regla y la 17 de la 2da serie. Cuando después de siglos de lucha y de numerosas victorias se gana la batalla final y se exige el último secreto, entonces estarás preparado para un sendero más avanzado. Cuando se haya dicho el secreto final de esta gran lección, en él está abierto el misterio del nuevo camino, sendero que conduce más allá de toda experiencia humana, y que se haya absolutamente fuera del alcance de la percepción e imaginación del hombre. En cada uno de estos puntos es necesario detenerse mucho y reflexionar bien. En cada uno de estos puntos es preciso estar seguro de que se ha escogido el camino por el camino mismo. El camino y la verdad vienen primero; luego sigue la vida...

XVIII

Busca el camino penetrando al interior.

XIX

Busca el camino avanzando resueltamente al exterior.

XX

Búscalo, pero no en una dirección única. Para cada temperamento existe una vía al parecer más deseable. Pero no se encuentre el camino sólo por la devoción, ni por la mera contemplación religiosa, ni por el ardor de progreso, ni por el laborioso sacrificio de sí mismo, ni por la observación estudiosa de la vida. Ninguna de estas cosas por sí sola hace adelantar al discípulo más de un paso. Todos los peldaños son necesarios para recorrer la escala. Los vicios de los hombres se convierten en peldaños de la misma, uno por uno, a medida que se van dominando. Las virtudes de los hombres son, en verdad, escalones necesarios, de los cuales no se puede en modo alguno prescindir. Sin embargo, aunque crean una atmósfera bella y un porvenir feliz, son inútiles si están aisladas. La naturaleza toda del hombre debe ser sabiamente empleada por el que desee entrar en el sendero. Cada hombre es absolutamente para sí mismo el sendero, la verdad y la vida. Pero esto lo es sólo cuando domina firmemente toda su individualidad, y cuando por la energía de su despertada espiritualidad, reconoce que esta individualidad no es él mismo, sino aquella cosa que él ha creado trabajosamente para su uso, y por cuyo medio se propone, a medida que su crecimiento desarrolla lentamente su inteligencia, alcanzar la vida más allá de la individualidad. Cuando sabe que para esto existe su asombrosa vida compleja y separada, entonces, en verdad, y sólo entonces, se halla en el sendero. Búscalo   sumergiéndote en las espléndidas y misteriosas profundidades de lo más íntimo de tu ser. Búscalo probando toda experiencia, utilizando los sentidos a fin de comprender el desenvolvimiento y significación de la individualidad, y la hermosura y obscuridad de estos otros fragmentos divinos que contigo y a tu lado combaten, y que forman la raza a la cual perteneces. Búscalo estudiando las leyes del ser, las leyes de la naturaleza, las leyes de lo sobrenatural: y búscalo prosternando tu alma ante la pequeña estrella que arde en el interior. En tanto que vigilas y adoras con perseverancia, su luz  irá siendo más y más brillante. Entonces podrás conocer que has encontrado el principio del sendero. Y cuando hayas encontrado el fin, su luz se convertirá súbitamente en luz infinita.

Nota:
Búscalo probando toda experiencia y no olvides que al decir esto no digo: cede a las seducciones de los sentidos , a fin de conocerlos. Antes de convertirte en ocultista  puedes hacerlo, pero no después. Una vez que hayas escogido el sendero y entrado en él, no puedes ya sucumbir sin vergüenza a tales seducciones. Sin embargo, puedes experimentarlas sin horror: puedes observarlas, medirlas y analizarlas, y esperar con paciencia  y confianza la hora en que ninguna impresión causen ya en ti.
Pero no condenes al hombre que sucumbe; tiéndele la mano, como a un peregrino hermano tuyo, cuyos pies se han entorpecido con el fango del camino. Ten presente ¡OH discípulo! que por grande que sea el abismo que existe entre el hombre virtuoso y el pecador, es aún mayor entre el hombre virtuoso y aquel que ha obtenido el conocimiento; y que es inconmensurable entre el hombre virtuoso y el que se encuentra en los umbrales de la divinidad. Por tanto, guárdate de imaginar antes de tiempo, que tú eres algo distinto de todos los demás.
Cuando hayas encontrado el principio del sendero, la estrella de tu alma dejará ver su luz, y a su claridad advertirás cuán grande  es la obscuridad en medio de la cual brilla. La mente, el corazón, el cerebro, todo está obscuro y en tinieblas , hasta que se haya ganado la primera batalla. Pero no por esto dejes que el espanto y el temor te dominen; mantén tus ojos fijos en la pequeña luz y esta irá creciendo. Pero has que la obscuridad interior te ayude a comprender la desolación de aquellos que no han visto luz alguna, y cuyas almas están sumidas en profundas tinieblas. No les censures, no te apartes de ellos, sino que procura aligerar algún  tanto el pesado Karma que al mundo agobia; Presta tu ayuda a los pocos brazos vigorosos que impiden a las potencias de las tinieblas obtener una completa victoria. Obrando de esta suerte entrarás a participar de la felicidad, que acarrea, en verdad, un trabajo terrible y tristeza profunda, pero que es también un manantial de delicias sin fin.

XXI

Busca la flor que debe abrirse durante el silencio que sigue a la tormenta y no antes.
        La planta crecerá  y se desarrollará, echará ramas y hojas y formará capullos en tanto que continúe la tempestad y dure el combate. Pero mientras la personalidad toda del hombre no se haya disuelto y desvanecido; mientras que el divino fragmento que la ha creado no la considere como mero instrumento de experimentación y experiencia; mientras la naturaleza toda no esté vencida y se halle subyugada por su yo superior, no puede abrirse la flor. Entonces sobrevendrá una calma como la que en los países tropicales sucede a una lluvia torrencial, cuando la Naturaleza obra con tanta rapidez que puede verse su acción. Una calma semejante se difundirá sobre el espíritu fatigado. Y en el silencio profundo ocurrirá el misterioso suceso que probará que se ha encontrado el sendero. Llámesela como se quiera, es una voz que habla donde no hay nadie que hable; es un mensajero que viene, mensajero sin forma ni substancia, o bien, es la flor del alma que se ha abierto. No hay metáfora que pueda describirlo. Pero se puede presentir, buscar y desear, aun en medio de la furia de la tempestad. El silencio puede durar sólo un momento o bien puede prolongarse un millar de años, pero tendrá fin. Sin embargo en ti residirá su fuerza. Una y otra vez tiene que darse y ganarse la batalla. El reposo de la naturaleza sólo puede ser un intervalo.

Nota:
La expansión de la flor es el glorioso momento en que la percepción se despierta: con ella nace la confianza, el conocimiento y la certeza. La pausa del alma es el momento del asombro, y el siguiente momento de satisfacción es el silencio.
Sabe ¡ OH discípulo! que los que han pasado por el silencio, y han sentido su paz y retenido su fuerza, ansían que pases tú también por él. Así, pues, cuando el discípulo sea capaz de entrar en el Templo del Saber, encontrará siempre su Maestro.

Estas reglas expuestas son las primeras que  han sido escritas en los muros del Templo del Saber. Los que pidan, obtendrán. Los que deseen aprender, aprenderán.

Nota:
Los que pidan, obtendrán. Pero aunque el hombre ordinario pida continuamente, su voz no es oída. Porque pide tan solo con la mente, y la voz de la mente no es oído sino en la esfera donde ella actúa. Por tanto, mientras no estén pasadas las 21 reglas, no digo los que pidan obtendrán.
Leer en el sentido oculto , es leer con los ojos del espíritu. Pedir, es sentir el hambre interna , el deseo de la aspiración espiritual. Ser capaz de leer significa, haber obtenido en grado mínimo el poder de satisfacer esa hambre. Cuando el discípulo esta en disposición de aprender, entonces es aceptado , reconocido y
admitido. Así debe ser , por cuanto ha encendido su lámpara y no puede estar oculta. Pero es imposible aprender hasta que no se ha ganado la primera gran batalla . La mente puede reconocer la verdad , pero el espíritu no puede recibirla Una vez que se ha pasada por la tormenta y se ha llegado a la paz , entonces es siempre posible aprender , aun cuando el discípulo dude , vacile y se desvíe . La voz del silencio mora en el , y aun cuando abandone por completo el sendero , llegara el día , sin embargo , en que resonara y lo desgarrara en dos , separando sus pasiones de sus posibilidades divinas . Entonces en medio del sufrimiento y de los gritos desesperados del abandonado YO inferior , él volverá. Por eso te digo: La paz sea contigo. Yo te doy mi paz, puede únicamente decirlo el Maestro a sus discípulos, que son él mismo. Algunos hay, aún entre los que ignoran la sabiduría oriental, a quienes puede decirse esto , y a quienes se les puede decir diariamente con mayor precisión.
Contempla las tres verdades. Son iguales.

La paz sea contigo.

 

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